Los ángeles viven en el mundo del Espíritu, es decir, en el cielo, y nosotros vivimos en el mundo de la materia.
Ellos, por naturaleza, son atraídos hacia su hogar.
Por tanto, si quieres que se sientan a gusto contigo, tienes que hacer que tu mundo —esto es, tus pensamientos, sentimientos y entorno— sea más parecido al suyo.
Parafraseando la epístola de Santiago: «Acércate a los ángeles y ellos se acercarán a ti».

Los ángeles se sienten cómodos con los pensamientos de paz y amor, no con la irritación y la agresividad.
Tal vez te resulte difícil quitarte de la cabeza al conductor maleducado que te cortó el paso cuando regresabas a casa. Pero sí puedes liberarte de la irritación si empiezas por entablar relación con los ángeles unos minutos al día.
Ante todo, mantente al margen de las distracciones.
Apaga la radio y el televisor, vete a una habitación donde estés a solas o a tu lugar preferido en la naturaleza, dibuja un ángel en tu mente (te ayudará tener cerca una imagen de tu ángel favorito) y comulga con estos seres.

Simplemente háblales de tus problemas.

Hazlo como si estuvieras comunicándote con tu mejor amigo. Luego escucha. Mantente en silencio y aguarda los pensamientos que ellos te depositarán en la mente.
Al poco tiempo tu relación con estos seres se tornará una espiral ascendente: te ayudarán a sentirte más positivo, más positiva. Y eso te acercará más a ellos.

Fuente: Lección de ángeles

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