Decidir vivir únicamente el momento presente es toda una filosofía no siempre sencilla de seguir. A veces, el pasado se resiste a quedar atrás y el futuro se convierte en protagonista.

Los recuerdos forman parte de nuestra propia esencia y no hay nada de malo en rememorarlos, unas veces con nostalgia (los buenos) y otras, tal vez, con alivio (los malos). También es lógico tener planes de futuro, objetivos de todo tipo, y preguntarnos qué nos depara la vida. Hasta aquí, todo correcto, el problema surge cuando olvidamos que lo que realmente importa es la situación actual, entre otras cosas porque es la única que depende de nosotros, la única en la que podemos decidir y actuar.

La sociedad actual demanda cada vez más una aceleración vital que impide al ser humano parar y dedicar el tiempo y la conciencia suficiente a la tarea que esté ejecutando. El tiempo cada vez es más valioso y es necesario aprovecharlo al máximo integrando varias tareas en un mismo espacio de tiempo. Este fenómeno deriva en la pluriactividad, dando lugar a que se viva como autómatas, ejecutando acciones de manera programada e inconsciente. Así el ser humano pasa por la vida con el piloto automático encendido, haciendo múltiples tareas sin ser plenamente conscientes de nuestras necesidades o deseos en cada momento y sin disfrutar como realmente uno se merece. Y en el momento en que algo se descoloca y no se sabe cómo afrontarlo, aparece el malestar y la “depresión”, surgen los conflictos interiores, los desequilibrios emocionales, los desgastes de energía y otros desajustes tanto físicos como mentales.

Una de las fases más importantes de la Inteligencia Emocional es el auto conocimiento, es decir, saber qué se siente, porqué, y para qué. Algo que resulta realmente complicado cuando se está inmerso en pensamientos y acciones todo el día. Si uno quiere estar bien emocionalmente debe vivir en el presente, sea cual sea su definición exacta, viviendo cada momento, estando plenamente consciente de lo que pasa dentro y fuera de sí mismo.

La clave está en encontrar el equilibrio entre la vida automática y la vida consciente, dedicando tan sólo unos minutos al día a:

SENTIR.

La tendencia actual es dar por sentados los cinco sentidos. Parece que se ha olvidado la importancia del papel que desempeñan y no se utilizan de la manera adecuada. Utiliza la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Siente y experimenta con cada uno de ellos, poniendo especial atención a todos esos olores, sabores, texturas, colores y sonidos que están ahí, pero no se sienten debido a la desconexión total del entorno. Entrena de nuevo esos sentidos.

PONER CONSCIENCIA

Poner consciencia significa prestar atención y poner intención a lo que se hace, cómo y para qué se hace. Algo tan sencillo como salir a pasear puede ser una fantástica oportunidad para estar presente. En lugar de pensar en lo que se tiene que hacer mañana, en lo que se debería haber acabado para esta tarde, o en miles de pensamientos que rondan la cabeza, simplemente disfruta cada segundo del paseo. Siente la planta de los pies mientras caminas, siente cómo pisas con firmeza el suelo, observa a tu alrededor, los árboles, su color, su olor, su textura. Mira el cielo, sus colores, las formas de las nubes, siente el viento en tu piel. Solamente disfruta de cada minuto de ese paseo.

OBSERVAR

Es importante tener los ojos y la mente abierta. Observar señales, reacciones y anotar o recordar lo que se siente cuando ocurren ciertas cosas, ya que pueden contener información valiosa sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. Hay ocasiones en las que uno se siente perdido, pero esto es bueno, ya que hace que uno se percate de que algo no va del todo bien. Es ahí cuando hay que estar más abierto, parar, respirar, ver. Seguramente las puertas ya están abiertas delante de nosotros, pero sólo las veremos si ponemos atención.

CONECTAR

La conexión con nosotros mismos es esencial para alcanzar un cierto grado de conocimiento personal. Por eso para conectar con nuestras emociones hay que dejar pasar todas las distracciones cotidianas que interrumpen el proceso. Ello no significa desconectarse del mundo, pero sí que cada uno dedique unos minutos a sí mismos, a relajarse, respirar, y sentir su corazón.

CREAR

La mejor manera de conectarse con uno mismo es dar rienda suelta a nuestra creatividad, dejando emerger todo aquello que está en el interior mediante la expresión artística. Cada uno se expresa de maneras diferentes, ya puede ser mediante la música, la pintura, la decoración, la jardinería, la fotografía, etc., cualquier cosa que nos conecte con nuestro ser creativo. La creatividad ayuda al proceso de conexión y de intuición.

SEGUIR LA INTUICIÓN

Respirar, relajarse y conectar con uno mismo facilita el camino para llegar hasta la intuición. Ésta última necesita alimento diario, igual que cada órgano del cuerpo. La intuición sólo se alimenta dándole mucho uso y cariño, confiando en ella plenamente y escuchándola cuando nos trata de decir algo. El problema radica en que la intuición no habla en piloto automático y la única manera de alimentarla es mediante la conexión, la observación, la creatividad y el estar presente.

Aunque parezca que son muchos los pasos que hay que seguir para estar presente y ser consciente de lo que pasa en el interior de uno mismo, en realidad la clave está en elegir algunos de estos pasos y trasladarlos a la vida que llevamos para que se vayan integrando con la práctica y hagan de nosotros unos seres más equilibrados.

El estar presente viviendo el Aquí y el Ahora abre puertas a nuestro interior, permitiendo que se halle información importante para el bienestar y el equilibrio físico, mental y emocional, consiguiendo así una mayor satisfacción personal y, por tanto, la felicidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *