Ángel nuestro, protector y aliado,
recoge y transforma nuestros pensamientos de amor.

Abre las puertas entre tu mundo de luz
y nuestro mundo de tinieblas.

Guía nuestros pasos por el puente que nos une.
Y que este puente sea largo y seguro.

Acércanos a nuestros hermanos
para que escuchen nuestra llamada.
Aleja las tinieblas de la materia
para que vean nuestra voluntad de amar
y nuestro corazón puro.

Deja las puertas abiertas para que, cuando te invoque, te pueda sentir cercano.
Con tu ayuda, que nos ha sido dada para proteger, consolar, sanar; que nos ha sido dada para ayudar al que sufre de cuerpo o de espíritu.

Tu presencia como guía amplía nuestro conocimiento, porque conocer es servir.
Considerado como guía espiritual igualmente convincente, que goza del amor y la
indulgencia de la divinidad, el ángel es objeto de la invocación como un verdadero «compañero», cuya pureza es modelo de imitación para el creyente.
Se puede ver, al principio de la oración, el uso de la metáfora de la luz que une a
la verdad divina.

El ángel guardián, Vela por mí, cuando me despierto, buen ángel, ya que Dios te llama,
y cada noche cuando sueño apóyate sobre mi cama.

Ten piedad, porque soy débil; anda siempre a mi lado y en el largo camino, dame la mano; os escucho y sigo andando, porque tengo miedo de caer.

Buen ángel, acompáñame.

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