SANANDO NUESTRAS ENFERMEDADES

“Estamos tan llenos de problemas que jamás escuchamos la melodía

divina. Si pudiéramos ver… si pudiéramos comprender. Si tan solo

realizáramos la presencia de Todo, qué es lo que no pudiéramos

hacer”

Ernest Holmes

 

Este tema es sumamente extenso y fascinante, hay cantidad de

observaciones científicas, experimentos y artículos que corroboran

cómo nuestra mente, nuestros pensamientos, sentimientos y

emociones crean el estado de enfermedad o salud que poseemos.

Jorge Carvajal, médico cirujano de la Universidad de Andalucía

en España y pionero de la medicina bioenergética afirma:

“Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen

del campo de la conciencia emocional. Las enfermedades muchas

veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad,

el común denominador de buena parte de las enfermedades

que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al

riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía

vital, y puede convertirse en pánico”

“La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te

lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender

lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve

irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti,

y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico”.

Nuestro sistema reacciona a nuestros pensamientos y estados

internos. Lo que pretendo con estas líneas es ayudarte a cambiar

tu visión, para que te responsabilices y evites tomar el papel de

víctima ante una enfermedad, ante cualquier dolencia y para que

asumas que todo aquello que tú crees, también lo creas, y tú tienes

el poder de cambiarlo. Dios te hizo perfecto.

Nuestro cuerpo es perfecto y la mejor manifestación de esto es

la salud. El cuerpo no actúa en contra nuestra, él es siempre obediente

a los pensamientos y sentimientos que poseemos en nuestro

interior. Casi todas nuestras enfermedades tienen su origen en

las ideas que nuestros padres y familiares adultos inculcaron en

nosotros cuando éramos niños. En esa época no pensábamos que

nos resfriaríamos si nos mojábamos en la lluvia, o que caeríamos

en cama por haber jugado con tierra. Comenzamos a creerlo a

medida que crecíamos escuchándolo de boca de otros. Ahora somos

nosotros los adultos y asumimos como una verdad que nuestro

cuerpo es tan delicado que cualquier virus nos puede atacar en

cualquier momento.

El cuerpo es tu vehículo en esta vida, es inteligente y responde

a todas las órdenes que le da tu mente. Nunca actúa en tu contra,

pero ¿realmente conoces todos y cada uno de tus pensamientos,

sentimientos y creencias?

Cada una de las enfermedades que puedes manifestar en la

edad adulta proviene de creencias antiguas, desde tu creación, tu

niñez, que fueron lentamente recopiladas. El cáncer tendría su

causa de las heridas emocionales de las cuales, cuando niños, no

supimos como defendernos y lo que permitió que creáramos sentimientos

de rencor y odio, nudos energéticos que cambiaron el

funcionamiento de nuestro organismo.

A mi alrededor puede haber muchas personas enfermas, incluso

puede haber rumores de epidemia pero si yo no mantengo esos

temores, no creo en ellos, difícilmente me pueden afectar. Debemos

aceptar la perfección de nuestro cuerpo para mantenernos

sanos. El cuerpo es el reflejo de lo que creemos. Si creemos en su

perfección, así será.

—¡Sí! Tu enfermedad viene de ti, no viene de fuera. La enfermedad

es un regalo que tú te haces para encontrarte contigo mismo.

—Pero nadie desea una enfermedad.

—Tu enfermedad refleja una desarmonía interior, en tu alma.

Tu enfermedad es tu aliada, te señala que mires en tu alma, a ver

qué te sucede. ¡Dale las gracias: te brinda la ocasión de hacer las

paces contigo mismo!

 

HO’OPONOPONO Y LA LEY DE ATRACCIÓN

“Cree que triunfarás. Créelo firmemente y entonces harás lo que sea

necesario para lograrlo”

Dale Carnegie

 

Ho’oponopono está muy ligado a la Ley de Atracción. El universo

siempre nos da lo que le pedimos. Atraemos a nuestras vidas tanto

aquello que queremos como aquello que no deseamos. Ambas

técnicas se complementan. La Ley de Atracción menciona que

nosotros atraemos, el Ho’oponopono dice que somos los creadores

de nuestra realidad, en ambos casos, tenemos que hacernos

responsables de lo que acontece en nuestras vidas y de nuestros

pensamientos porque éstos se van a manifestar.

Cuando ponemos en práctica la Ley de Atracción, pedimos al

cosmos lo que deseamos que se manifieste poniendo sentimiento

y emoción como si ya hubiese ocurrido; no que vendrá en un futuro,

sino que ya es un hecho, y agradecidos.

Con el proceso del Ho’oponopono, podemos trabajar

nuestros temores para que sean borrados de nuestro subconsciente

y así evitar que se vuelva realidad aquello que nos desagrada

en la vida. Se transmuta inmediatamente lo negativo, para que no

nos afecte, para sanar en nosotros lo que tememos, las causas, el

origen de aquello, aunque no estemos conscientes de ello. La física

cuántica nos dice que el acto de observar un objeto causa que el

mismo esté allí donde y cuando lo observamos. Solamente cuando

se realiza una observación las ondas se convierten en eventos localizados

en el espacio y en el tiempo. Por lo tanto, tu observación,

tu atención y tu emoción, crean cosas en el mundo material, en el

espacio y en el tiempo.

Además, según lo entiendo, sucede lo siguiente: cuando pedimos

cosas que deseamos realmente, y trascendentes, como un

nuevo empleo o una pareja, estos deseos mandan un mensaje a

nuestro niño interior que al final es quien hace la petición, y si

tenemos opiniones, creencias o juicios, que son contradictorios,

él se confunde y nuestros deseos no se cumplen, Por el contrario,

obtenemos más de lo mismo, más de nuestros temores.

Debes limpiar y limpiar antes y después de pedir. Tu petición

debe ser pura, tus partes interiores deben permanecer en equilibrio,

alineadas; ya sabes, tu subconsciente, tu supra consciente que

es la parte divina en ti, y tu intelecto. Entonces, logras manifestar

lo que quieres, y lo que te HACE FELIZ, lo que equivale a pedir lo

perfecto para ti.

LAS RELACIONES

“Tú eres la fuente de tu felicidad, nadie te da nada, tú eres la fuente.

Vas a recibir lo que des, das quien estás siendo, pues esto te estás

dando. Lo que estás dando es lo que estás siendo, pues esto estás

recibiendo”

Anónimo

En la vida nuestras relaciones son espejos que reflejan diversos

estados de nuestro ser que muchas veces no conocemos conscientemente

y siempre son oportunidades de borrar. El mundo

siempre nos va a devolver únicamente lo que le damos. Muchas de

nuestras relaciones están con nosotros para solventar algún viejo

error.

Nosotros ya existíamos antes de venir aquí, por lo tanto no

conocemos la causa del error, ni cuándo este error se originó, pero

allí está; son oportunidades y se repiten de diversas maneras hasta

que lo resolvemos. La única manera es mirando dentro de nuestro

interior.

Todos los daños que crees que

hayas infligido, todo el sufrimiento que crees que causaste te lo

causaste a ti mismo, pero es lo que has elegido experimentar, y al

final de la vida verás que todo el dolor causado a los otros como

el que crees que has recibido fue creado por ti y a la vez fue imaginado,

porque todos los que te acompañaron al igual que tú, son

inocentes y también su dolor y el sufrimiento recibido fue también

imaginado por ellos.

Pero eso será al final del camino de la vida, en este momento

tú eliges lo que vas a experimentar a sabiendas de que puedes elegir

un mejor camino. Eres el creador total y absoluto de todas tus

experiencias.

La relación perfecta, comenta Mabel Katz, es aquella que nos

va a mostrar más motivos para limpiar.

El Dr. Len con respecto a

las relaciones dice que al hacer nuestra limpieza tenemos nuestro

corazón puro y nuestras relaciones mejoran, desde nuestro contacto

con una planta, y todas las cosas que conforman el universo.

En la medida que tú estás en paz, el universo está en paz.

Las relaciones no tienen nada que ver con lo que tú ves y encuentras

afuera, las relaciones sólo tienen que ver contigo. Son el

termómetro de tu relación contigo. Revisa cómo te sientes respecto

a tus relaciones, y cuando sientas amor, por las personas, los

animales y las cosas es cuando has logrado alinear tus partes internas

y ser como Dios te creó.

LA HISTORIA DE CÓMO FUIMOS PROGRAMADOS

“No hay un santo sin pasado ni un pecador sin futuro… La sabiduría

ya está dentro de ti, déjala brillar”

Babaji

 

Todos, desde que salimos del cálido vientre de nuestra madre, comenzamos

a ser programados, nos entrenaron para ser seres humanos

iguales a los que ya existían en la tierra. Poco a poco te

fuiste identificando con el personaje que tus padres crearon para

  1. También la sociedad de la cual tus padres formaban parte te

exigían que desempeñaras un papel. Tú llegaste para ser un personaje

dentro de la obra que todos estaban escribiendo para ti y

asumiste ese papel, pero te olvidaste de que eres un actor y no un

personaje y empezaste a actuar. También olvidaste que tú antes de

eso existías.

La vida es un gran teatro con múltiples escenarios y nosotros

somos los actores. Podemos elegir el papel que vamos a desempeñar

pero no lo sabemos. Otros lo eligieron por nosotros y así

lo hemos aceptado. Cada hombre sigue su propio guión sin darse

cuenta de que es un actor. Sigue su rol y para eso fue educado. Tu

familia, y la sociedad sembraron semillas de ese futuro que escogieron

para ti.

Por eso ahora vives una vida de la cual te sientes ajeno, vacío,

como si algo te faltara. Tú eres el actor o la actriz, y por lo tanto

tienes la libertad de cambiar al personaje, tienes también la libertad

de cambiar la trama de la obra. Para eso es necesario despertar.

Tú no estás consciente de que actúas tu propia obra y de que

vives en un teatro, no te sientes a gusto con tu vida pero no sabes

cómo cambiarla. Por años buscaste que te valoraran, te apreciaran,

porque tú no sabías quién eras. Te desempeñaste en distintos roles

para aumentar tu autoestima, y aunque fracasaras y salieras lastimado,

en lo profundo de tu ser podías descubrir de alguna manera

el dulce sentimiento de la libertad.

Por años te preocupaste de lo que dirían los demás; que te apreciaran

y valoraran como una persona valiosa e inteligente; conseguiste

una profesión y te volviste responsable, digno de confianza;

te esforzaste y te sigues esforzando, pero lo que no sabías es que tú

ya eras importante. No necesitas que alguien más te lo diga, eres

valioso, pero mientras aprendías en tu camino, tuviste muchos

tropiezos, y también muchas veces fuiste humillado, maltratado,

sufriste, juraste, y prometiste, y te fuiste creando una personalidad

coherente con lo que se esperaba y creíste de ti.

No hay nada malo en querer ser una persona agradable para

el otro, y ser apreciado; lo que buscamos es ser felices, siempre y

cuando seamos conscientes de que esa es nuestra decisión y de

que queremos vivir la vida de esa manera. Pero muchas veces no

sabemos lo que hacemos, ni por qué lo hacemos; no conocemos

el propósito, creemos que la vida es de determinada forma, y nos

conformamos, o nos lamentamos. Aprendimos nuestro modo de

hacer las cosas, y está bien si estamos conscientes, y esa es nuestra

voluntad.

Pero cuando no conocemos nuestro poder de decisión, cuando

hacemos lo que hacemos sin saber por qué, entonces comenzamos

a ser esclavos de nosotros mismos, de nuestros programas. Por eso

muchas veces decimos que queremos hacer cambios importantes

en nuestra vida y no podemos, apenas nos descuidamos volvemos

a lo mismo, a nuestros programas. Es tu atadura al inconsciente

colectivo, o patrones de creencias del mundo lo que te mantiene

atrapado aunque creas que eres libre. Comenzamos a ser libres

cuando nos damos cuenta de nuestra esclavitud, comenzamos a

soltar cuando nos damos cuenta de que estamos programados.

Nuestro gran poder aunque lo hayamos olvidado es que podemos

decidir y elegir. Podemos desprogramarnos, podemos suprimir

y soltar. Nuestro poder es darnos cuenta de que si esto lo

causé yo, también yo lo puedo cambiar. No hay víctimas ni accidentes.

Los programas que tenemos son el resultado de nuestras

conclusiones. Cada uno de nosotros escoge en qué creer, nadie

nos obliga, nadie es culpable. Nosotros decidimos qué hacer con

lo que nos dijeron o nos hicieron. Cada uno es responsable de su

propia elección y evolución. Cada quien crea las circunstancias

que experimenta en su vida y es el único que lo puede cambiar.

Podemos desempeñar cualquier rol en el teatro de la vida porque

ya no nos identificamos con el personaje, sabemos que somos el

actor y podemos ser el director de la obra.

Jocelyne R.

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