Tú, Señor, que has dado órdenes a tus ángeles para

que nos guarden en nuestros caminos.
Condúcenos hoy por tus sendas y no permitas que

caigamos en el pecado.
Haz que te busquemos a ti en todo lo que hagamos y

seamos así semejantes a los ángeles que están viendo siempre tu rostro.

Concédenos, Señor, la pureza del alma y la castidad del cuerpo para que

seamos como tus ángeles en el cielo.
Manda, Señor, en ayuda de tu pueblo al gran arcángel Miguel, para que

nos sintamos protegidos y con su Espada de la Verdad, nos otorgue la luz para

entender que toda vida humana es la preciosa creación de Dios y que nunca

se debe destruir.

¡Amén!

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