Señor mío, Jesucristo,
ojalá escuche hoy tu voz
y no endurezca más mi corazón.
Que cale en mí tu llamada a la conversión:
«cree en mí, me dices, fíate de mí y déjame que yo te convierta».
Que no me conforme con la pequeña y triste conversión que yo puedo hacer con mis fuerzas.
Siembra en mí el anhelo de la verdadera conversión:
ser como tú, vivir como tú,
reproducir tu vida en mi vida,
es más, que ya no viva yo,
sino que tú vivas en mí.
Quiero fiarme de ti, Señor Jesús,
necesito que cambies mi corazón, que arranques de mí el corazón de piedra
y me des un corazón de carne,
que crees en mí un corazón nuevo, puro que me renueves por dentro con tu Espíritu.
Me fío de ti, Jesús,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
cambia lo que quieras,
quita lo que quieras,
pon lo que quieras,
llévame a dónde quieras.
Que encuentres siempre en mi corazón el «hágase» de María para que nunca detenga

tu mano suave y firme, como la de un cirujano, que corta, cura y cambia, la única que

puede transformarme en ti.

Amén!

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